Desvirginado por mi profesora.


  • 10 noviembre, 2016
  • Staff Evas

Mi primera relación sexual fue en el instituto con una de mis profesoras. Todo comenzó cuando yo tenía 15 años. Después de un trimestre muy ajetreado no conseguí pasar varias asignaturas. Matemáticas era una de las asignaturas más difíciles que tenía. Esta asignatura la impartía una profesora que era más bien fea. Un día le comenté a mis amigos qué serían capaces de hacer por aprobar matemáticas. Ellos no contestaron nada, pero yo les dije que sería capaz de tener relaciones sexuales con ella. Se quedaron asombrados por lo que dije y me preguntaron si era cierto. Aunque ellos pensaran lo que pensaran yo seguiría siendo capaz de montármelo con mi profesora de matemáticas.

Después de que comentara con mis amigos este tema, al cabo de unos días mi profesora de matemáticas me dijo que debía ir a una reunión con ella en la sala de profesores y que era muy importante.

Al entrar en la sala de profesores, ella cerró la puerta con llave. Me dijo que se había enterado de lo que pasaba si me aprobaba el examen de matemáticas. Me agarró por la cintura, me clavó sus calientes y puntiagudos pezones en mi espalda y empecé a notar su cintura rozando mi trasero. Yo comenzaba a excitarme mucho, tanto que me dí la vuelta, agarré sus pechos y empecé a estrujarlos. Ella me agarró del pantalón y me bajó la cremallera poco a poco. Cogió mi pene y empezó a hacerme una paja. Mientras ella me hacía una paja, yo metí mi mano temblorosa en su bragas de encaje. En esos momentos no pensaba que ella era mi profesora. Empecé a mover mis dedos sobre su vagina suavemente.

– Aahhhhh, aaahhh -sus gemidos se escuchaban por toda la sala.

Le arranqué sus bragas de un tirón, la levanté y la puse sobre la mesa llena de papeles. Le metí los dedos en su coño, moviéndolos muy rápidamente. Ella me agarró de la mano y empujó para que le metiera todo el puño hasta dentro.

– Hagamos el 69 -me dijo ella con voz temblorosa.

Empecé a lamerle su coño peludo y jugoso pausadamente, mientras ella me la chupaba con esmero. Empezó a contonear sus caderas para que le produjera más placer. Me levanté y la acerqué hacia mí para que pudiera metérsela hasta el fondo.

– ¡Hasta el fondo!, ¡más fuerte! , ¡sígueee! -gritaba ella-. Sus gritos hacían eco por toda la habitación.

Yo notaba que ya estaba llegando el momento de correrme. Pero, en ese mismo momento, oímos unos golpes en la puerta del cuarto de profesores que retumbaron en la habitación. No nos esperábamos ese corte tan repentino.

– ¿Quién es? -preguntó ella.

– Soy la profesora de Ciencias, la señorita Loli.

– Un momento, que estoy hablando con un alumno, ahora abro.

– Ya sabrás que el próximo examen lo tienes aprobado a medias, como el polvo que me acabas de echar.

Salí de la habitación pensando en lo que había pasado. Ella tenía 25 años más que yo pero, después de todo, era una situación muy morbosa.

Después de lo que pasó dentro de la habitación, me enamoré de mi profesora. Sabía que ella era mayor que yo y que mi amor no era correspondido, pero ella me gustaba más cada vez que pensaba en lo que podía hacer conmigo. Me daba igual que no fuera guapa, me gustaba por lo que sabía hacer.

A los pocos días me llamó para que fuese a su casa. Yo me alegré porque me gustaba tener relaciones con mi profesora por lo morboso que era. Me arreglé para ella, fuí a la cita puntual. Me abrió la puerta pero no salió a recibirme. Entré al comedor y la ví a tumbada en el sofá con unas medias blancas enganchadas a las braguitas con unas ligas blancas. Llevaba un sujetador blanco de encaje. Me senté con ella y empezó a besarme en la boca. ¡Era un beso francés! Empecé a acariciarle el muslo y continué hacia arriba. Ella empezó a entrar en calor. Le masajeé la vagina por encima de las bragas.

Con los dientes, le arranqué las bragas de un tirón y comencé a chuparle el coño hasta que llegué al clítoris. Su pequeño y jugoso clítoris me ponía a cien. Ella comenzó a expulsar su líquido lubricante.

Se arrodilló delante de mi y puso su cabeza entre mis piernas. Me bajó los pantalones y comenzó a chupar mi pene violentamente. Yo sentía un gusto inexplicable por todo mi cuerpo.

Nos fuimos a su habitación y me tumbé en su cama. Ella cogió mi polla y se la metió en su coño hinchado y enrojecido. Empezó a saltar y a gritar muy fuerte. Yo agarré sus pechos y ella se agachó y me dio un beso francés muy largo. La levanté en peso y la llevé al tocador abarrotado de objetos. Me agaché y le di varios lametones a su coño peludo y mojado. Me chupé varios dedos de la mano para metérselos por su coño. Primero le metí un dedo, removiéndolo dentro de su vagina. Ella empujaba su cuerpo contra mi mano.

– Aaaaahhhh , aaahhh -sus gritos ensordecedores se escuchaban por toda la casa.

– ¿Te gusta? -le dije.

– Sigue, no pares, cariño

Continué metiéndole tres dedos, me levanté, la abrí de piernas todo lo que ella podía y se la metí en su gran conejo, cada vez más rápido. Le lamí sus pequeños pechos. Tenía los pezones puntiagudos y muy calientes. Sentí que ya llegaba el momento, noté que iba a reventar, tenía mi cipote como una botella de coca cola. No podía aguantar tal placer.

Ella se bajó del tocador, se arrodilló delante mía y me la chupó hasta que me corrí encima de ella. Cuando miré hacia abajo ella se estaba restregando mi semen por todo su cuerpo.

Me dijo que me llamaría dentro de unos días para repetir lo que habíamos hecho. Salió conmigo a la calle y me llevó hasta mi casa en coche. Cuando salí del coche me tocó el culo. Yo seguí mi camino hacia mi casa como si nada de esto hubiese pasado, pero era imposible porque lo de esa tarde sería inolvidable.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *