¿Hay una edad límite para el sexo?


  • 19 octubre, 2016
  • Staff Evas

La falsa creencia de que la madurez puede prescindir del sexo es, en la mayoría de los casos, más fuerte que cualquier problema físico. La “pastilla azul” ayuda, pero no lo es todo.

El paso del tiempo deja sus impresiones en el cuerpo y el mundo personal. Los modelos culturales estimulan el cuidado de la imagen e incitan a mantener el espíritu joven: actividades varias, vida social, y disfrute constituyen una tríada saludable. Y si hablamos de seguir disfrutando, el sexo está incluido como un incentivo fundamental.

Es preciso desterrar la idea de que a “los viejos” no les interesa el sexo, o que la fisiología sexual queda anulada como consecuencia del envejecimiento. Hombres y mujeres en la madurez de la vida pueden encontrar en el despliegue sexual un motivo para sentirse más saludables. No olvidemos que el placer sexual refuerza la confianza, el humor, y es un estímulo para generar proyectos.

 Las funciones bajan, no desaparecen

Todo proceso de envejecimiento provoca cambios en los diferentes tejidos. La piel se arruga, la presbicia altera la visión cercana, el hígado y los riñones se vuelven perezosos, el sueño se acorta y los músculos se reducen.

En las mujeres menopáusicas la depleción de los estrógenos provoca sofocos, inestabilidad anímica, aumenta el riesgo cardiovascular y hay pérdida de la consistencia ósea. Los genitales también se afectan: la mucosa vaginal se adelgaza (se vuelve más fina) y baja la lubricación con el consiguiente dolor a la penetración o dispareunia. En los hombres, la testosterona en niveles bajos puede provocar irritabilidad, depresión, falta de deseo sexual y atrofia muscular, entre otros síntomas.

No obstante, las modificaciones hormonales no justifican que muchas personas mayores dejen de tener sexo. En la mayoría, la creencia o el mito de que la madurez puede prescindir del sexo es más fuerte que cualquier condicionante orgánico.

 Sexo activo después de los 50

Un importante estudio sobre este tema, publicado en 2007 por el New England Journal of Medicina (NEJOM), reveló que un 73 % de adultos (varones y mujeres entre 53 a 75 años)  había tenido una sexualidad activa en el último año (entendiendo sexualidad activa como cualquier actividad sexual voluntaria con otro que comprendiera, o no, penetración, y con orgasmo), bajando a un 26 % para sujetos entre los 75 a los 85 años.

Las personas que gozaban de un excelente estado de salud tuvieron casi el doble de probabilidades de mantener una buena actividad sexual, comparadas con aquellas que sufrían alguna patología. La mayoría de los hombres reportaron el uso de Viagra (1 de cada 7); un 43% de mujeres refirió disminución del deseo sexual y un 39% sequedad vaginal. A pesar de los cambios en la respuesta sexual (deseo, lubricación, erección y orgasmo) estos adultos grandes continuaron teniendo encuentros sexuales.

Una ayudita no viene nada mal

Si la ciencia avanza para curar las patologías y mejorar las funciones orgánicas no puede ser menos para los problemas sexuales. Sin embargo, ha beneficiado más a los varones que a las mujeres: citrato de sildenafil y sus derivados para los problemas en la erección y desde unos años la dapoxetina para la eyaculación precoz da cuenta de esto.

Los estudios avanzan para lograr una molécula que ayude a las mujeres a incrementar el deseo (el deseo sexual bajo es más frecuente en el sexo femenino) y llegar así mejor preparadas al orgasmo. Desde hace pocos meses se aprobó en EEUU una droga (ospemifeno) que mejora la elasticidad y la lubricación de la mucosa vaginal afectada por los cambios hormonales de la postmenopausia (sequedad), haciendo las relaciones más disfrutables.

Pero no todo es ciencia, aún existen mujeres que creen que la edad y la menopausia son el límite para seguir gozando del sexo. Y esto es una creencia impuesta más que una reacción fisiológica esperable en la madurez.

Por el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.

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